Dicen que el Carnaval tiene una voz,
que cuando canta la murga
se despierta el corazón.
Y yo no vengo a discutirlo,
ni le quiero quitar su lugar…
Pero hay una historia que hoy queremos contar.
Porque mientras unos cantan,
otros hacen vibrar el suelo.
Mientras unos llenan las calles de letras,
otros llenamos la noche de movimiento.
Y si esto es Carnaval…
¿por qué a nuestro ritmo le cuesta tanto sonar?
Nos llaman cuando hay que bailar,
cuando toca decorar,
cuando las luces se encienden
y la fiesta va a empezar.
Pero detrás de cada pluma
hay horas de dedicación,
hay ensayos, hay sacrificio,
hay sudor y corazón.
No somos solo un vestido,
ni un cuerpo para desfilar,
somos música en movimiento,
somos otra forma de cantar.
Que nadie enfrente nuestros ritmos,
que aquí cabemos todos.
Porque una murga tiene voz,
pero una comparsa…
¡tiene el ritmo en los ojos!
Que suene la murga,
que suene el tambor,
que baile la calle
con todo su corazón.
Que nadie nos diga
quién tiene que brillar,
porque sin comparsas
no existe el Carnaval.
¡Que suene, que suene!
¡Que empiece a vibrar!
Que el Carnaval es de todos,
¡y todos lo vamos a celebrar!
Y cuando termine la música,
cuando se apaguen las luces,
cuando ya no quede confeti…
que nadie se olvide:
una murga puede hacerte cantar,
pero una comparsa puede hacerte sentir.
Y mientras exista un tambor…
la comparsa seguirá luchando por su lugar.